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Construir hoy las ciudades que necesitaremos mañana

- Artículo de opinión, publicado en la revista Cemento Hormigón el 28 de julio de 2026
Las ciudades siempre han sido una expresión de su tiempo. Su forma, sus edificios, sus infraestructuras y sus espacios compartidos reflejan las necesidades, aspiraciones y prioridades de cada época. Hoy, esas prioridades están cambiando con rapidez. El crecimiento urbano, la presión sobre los recursos, la emergencia climática y la necesidad de garantizar una mejor calidad de vida obligan a repensar no solo cómo diseñamos las ciudades, sino también cómo las construimos.
Durante décadas, el debate urbano se ha centrado en cuestiones como la movilidad, la vivienda, el espacio público o la integración de zonas verdes. Todas ellas siguen siendo esenciales. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que la ciudad del futuro no dependerá únicamente de buenas ideas urbanísticas, sino también de la capacidad de ejecutarlas de forma eficiente, sostenible y duradera. En otras palabras, no basta con imaginar mejores ciudades: debemos ser capaces de construirlas mejor.
Este reto interpela directamente al sector de la construcción. El entorno construido tiene un peso muy relevante en el consumo de recursos, en la generación de residuos y en las emisiones asociadas al desarrollo urbano. Por ello, avanzar hacia ciudades más sostenibles exige transformar la manera en que planificamos, producimos, construimos y mantenemos edificios, infraestructuras y espacios urbanos. La sostenibilidad ya no puede entenderse como un elemento añadido al final del proceso, sino como un criterio integrado desde el origen.
La calidad, la durabilidad y la sostenibilidad de los materiales y soluciones con los que se construyen calles, plazas, equipamientos, viviendas o infraestructuras son factores clave para que estos espacios puedan perdurar en el tiempo y adaptarse a los nuevos retos ambientales. En este sentido, la transformación del sector de la construcción se ha convertido en una pieza esencial del futuro de las ciudades. Construir de forma más eficiente, con menor impacto y con una visión de largo plazo será determinante para dar respuesta a las necesidades urbanas de las próximas décadas.
En este contexto, la construcción industrializada adquiere una importancia creciente. No se trata únicamente de construir más rápido, sino de construir mejor. La industrialización permite planificar con mayor precisión, optimizar procesos productivos, reducir residuos, mejorar la seguridad, acortar los tiempos de ejecución y limitar las molestias que muchas obras generan en el entorno urbano. En ciudades cada vez más densas y exigentes, esta capacidad de intervenir con mayor eficiencia es especialmente valiosa.
La industrialización también permite avanzar hacia una construcción más previsible y controlada. Trasladar parte del proceso constructivo a entornos industriales facilita una mejor gestión de los recursos, una mayor precisión técnica y una reducción de la improvisación en obra. Esto contribuye a mejorar la calidad final de las soluciones, pero también a reducir ineficiencias, sobrecostes y desviaciones en los plazos. En un momento en que las ciudades necesitan rehabilitar edificios, renovar infraestructuras, crear vivienda y adaptarse al cambio climático, esta capacidad de respuesta resulta fundamental.
La eficiencia, por tanto, no debe interpretarse solo como una cuestión económica. Es también una cuestión ambiental y social. Una obra más eficiente consume menos recursos, genera menos residuos, reduce tiempos de ocupación del espacio público y permite que las ciudades sigan funcionando mientras se transforman. En el fondo, construir mejor también significa intervenir de forma más respetuosa con la vida cotidiana de las personas.
Para avanzar en esta dirección, la innovación será decisiva. Innovar en construcción no significa únicamente incorporar nuevas tecnologías, sino revisar toda la cadena de valor: desde el diseño y la elección de materiales hasta la producción, la logística, la ejecución y el mantenimiento. Significa impulsar soluciones que integren tecnología, diseño y sostenibilidad, y que estén alineadas con los principios de la economía circular. Significa, también, pensar en el ciclo de vida completo de edificios e infraestructuras, y no solo en el momento de su construcción.
La durabilidad debe ocupar un lugar central en este debate. Una ciudad sostenible no es solo aquella que reduce el impacto inicial de sus obras, sino aquella que construye soluciones capaces de mantenerse en buen estado durante décadas, con menores necesidades de reparación, sustitución o mantenimiento. Lo que dura más, funciona mejor y se adapta con mayor facilidad a nuevas necesidades también contribuye a reducir el impacto ambiental a largo plazo.
Pero la construcción de la ciudad es, ante todo, un proyecto colectivo. Arquitectos, ingenieros, administraciones públicas, empresas industriales, promotores y constructores debemos trabajar de forma coordinada para responder a unos retos cada vez más complejos. Las ciudades siempre han sido el resultado de una alianza entre visión, creatividad y capacidad técnica. Hoy, esa alianza es más necesaria que nunca.
Las ciudades del futuro deberán ser más sostenibles, resilientes, inclusivas y eficientes. Pero esos objetivos no se alcanzarán únicamente desde la planificación urbana o desde el diseño arquitectónico. También dependerán de cómo se construyan sus edificios, sus infraestructuras y sus espacios compartidos. Dependerán de nuestra capacidad para incorporar criterios de eficiencia, industrialización, circularidad y durabilidad en cada decisión constructiva.
Construir mejor no significa construir más sin criterio. Significa construir con visión de largo plazo, entendiendo que cada decisión técnica, material y productiva condiciona la calidad de vida urbana durante generaciones. Las ciudades que necesitaremos mañana se están definiendo hoy. Y su futuro dependerá, en gran medida, de nuestra capacidad para unir diseño, innovación, eficiencia industrial y compromiso ambiental. Porque el verdadero reto no es solo imaginar ciudades más sostenibles, resilientes y habitables. El verdadero reto es hacerlas posibles.
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